PALABRAS
Con estas palabras quiero
arrepentirme y despedirme, Ángela Figuera Aymerich. De cosas que uno ha dicho,
de versos al hermano voraz y vengativo cuando aquel día nosotros, los españoles
del éxodo y del llanto, salimos al viento y al mar, arrojados de la casa
paterna por el último postigo del huerto.
Yo fui el que dijo:
Hermano...
tuya es la hacienda...
la casa, el caballo y la pistola...
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo
y me dejas desnudo y errante por el mundo...
mas yo te dejo mudo... ¡mudo!...
Y ¿cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?
Fue este el triste reparto caprichoso que hice entonces,
dolorido, para consolarme.
Ahora estoy avergonzado. Yo no me lleve la canción que nace
de la tierra, la canción inalienable de la tierra. Y nosotros, los españoles
del éxodo y del viento…¡Ya no tenemos tierra!
Vosotros os quedasteis con todo: con la tierra y la canción.
Nuestro debió haber sido el salmo, el salmo del desierto, que garfios ni raíces
se prende, se agarra, anhelante de la luz y del viento.
Yo hable también un día del salmo. “El salmo es mío”, dije. “El
salmo es una joya que les dimos en prenda los poetas a los sacerdotes…,y ahora
lo llevo, me lo llevo al templo, me lo llevo en mi garganta rota y
desesperada…Y dije también: “El salmo fugitivo y vagabundo es el lenguaje del
español del éxodo y del llanto…”Palabras, palabras nada más. Yo no me lleve el
salmo tampoco. Nosotros no nos llevamos el salmo.
Al final todo se hizo grito vano, lamento hinchado, blasfemia
sin sentido, palabras de un idiota llenas de estrépito y de furia, que se perdieron con burbujas de hiel en el
vacío…
Y nos quedamos luego todos mudos…Los mudos fuimos nosotros.
¡Los desterrados y los mudos!
De este lado nadie dijo la palabra justa y vibrante. Hay que
confesarlo: de tanta sangre a cuestas, de tanto caminar, de tanto llanto y de
tanta injusticia….no brotó el poeta.
Y ahora estamos aquí, del otro lado del mar, nosotros los
españoles del éxodo y del viento, asombrados y atónitos a vosotros cantar: con
esperanza, con ira, sin miedo.
Esa voz…esas voces...Dámaso, Otero, Celaya, Hierro, Crémer,
Angela Figuera Aymerich.., los que os quedasteis en la casa paterna, en la
vieja heredad acorralada…, vosotros son el salmo y la canción.
Fdo: León Felipe.
Publicado en la revista Universidad de
México, como prólogo a Belleza cruel (ed. 1958, 1978) y
en Obras completas de Ángela Figuera. Págs. 205-206.
Publicado por ABC el 29 de marzo de 1959 y vuelto a publicar
15 años más tarde.